
Es él! kato.
vuela como un plumero
¿quién lo sopla? no, no
es la ceniza del diario
que se vuela al río después del fuego.
mirá como se dobla en el aire.
sí y mirá como cae y se deshace.
adentro del fuego estuvo
todo rojo
fue noticias, árbol, y hoy es agua, mirá
ta fresquito, me relaja
y te saca la sed fijate.
fa, tengo la boca abierta ¿quién es?
mirá bien, ¿no lo ves?
es él! kato...
Más chanta que el demonio.
Y agarré, entre otras cosas, mi bronca, mi alegría, mi talento, mis ganas de cojer, mi hambre; y se las di en una bolsa. No metafóricamente, sino en una bolsa de residuos. De mi tamaño, y con mi cuerpo adentro.
Le dije mirá, acá está todo. Quizás en algún momento necesite algo, pero no creo, porque también te di mis necesidades. ¿Vos estás seguro? Me respondió, y le dije: lo que pasa es que te di mi seguridad también, entonces no sé. Se quedó pensando y me insistió. No entiendo por qué me das todo esto.
El amor y todo lo que puedo llegar a entender, y lo que alguna vez entendí, también están en la bolsa. Así que no me pidas explicaciones, porque las tenés vos ahora.
¿Nada te vas a quedar? Y por lo que veo, ya no tengo nada salvo mis respuestas. No me las quería quedar tampoco, pero no las puedo meter en la bolsa. Salen solas.
-¿Y tu memoria?
-¿Qué pasa? La tenés vos.
-¿Y cómo sabés que me diste todo?
-No sé, me salió la respuesta. pero no me acuerdo de nada la verdad.
-¿Por qué me mentís, si me diste tu honestidad?
-Junto con mi mentira, por eso.
-Dame tu memoria.
-No te voy a dar nada. Ahí tenés un montón de cosas.
-¿Y yo que hago con esto? Dame tu memoria y todas tus respuestas.
Me quedé callado.
-¡¡Dame tu memoria y todas tus respuestas!!
No dije nada tampoco.
-¿Dónde estás?
Estaba en el silencio, invisible.
-¡¡¡¿Dónde estás hijo de puta?!!!
Me aguanté la risa un rato y desaparecí al fin.
Pobre Diablo.
Auito Fresco
Auito era un hombre que no llevaba encendedores en los bolsillos. Un hombre fresco, de agua. No tenía adicciones ni ocurrencias curiosas que lo desestabilizaran. Todas sus ideas eran consecuentes. No proyectaba ni hurgaba en su pasado triste: no existía. Cualquier circunstancia que podría llegar a causar dolor, de Dios o de los otros hombres, le era inocua. Se reía o bien, ignoraba hasta el momento en que pudiera reírse. Cuando se aburría buscaba diversión, y cuando su diversión molestaba a los demás, se divertía con otra cosa. Buscaba (esta era su búsqueda) encontrar el modo de divertirse sin molestar. A veces profundizaba creyendo que lo estaba encontrando, pero nunca lo encontraba del todo. No se desilusionaba por eso, ni sufría de stress tampoco, simplemente cambiaba. No estaba atado a sus creencias, eran efímeras. "Atarse a las creencias es desatender a mi búsqueda" decía, y no dejaba que cualquiera se entere de su filosofía. No si no estaba seguro de que la otra persona lo comprendería. "En lo social suelo mentir" aclaraba y se mostraba necio, terco. A la par de la media: no quería molestar a los envidiosos. De ahí salía su principal problema, el más difícil de evadir. "Debo mentir y la mentira deforma", decía. "El fluír entre la gente hace que mi búsqueda cambie de horizonte constantemente. Cada vez que me preocupo demasiado por lo que quiero, e intento no molestar al mismo tiempo, hiervo, me evaporo, no sé donde estoy."
Sandy
Ella era rubia con ropa rosa. Vivía en Ladyland, en una casa lila. Se llamaba Sandy, porque su piel era color arena. Y tenía unos ojos verdes que no pestañaban.
Sus sentimientos, al igual que su voz, eran desconocidos.
¿Qué pasa Sandy?, le dijo un día el perro, sin hablar tampoco. Ese payaso me asusta le respondió, y el perro lo empezó a morder hasta que no existió más. Así superó su miedo Sandy.
Al año, el perro le preguntó de nuevo sin hablar ¿Qué pasa Sandy? Quiero ser azul respondió. Nací rosa en un mundo rosa, pero quiero ser azul como la pared. Y el perro tiró un balde de pintura sobre ella dejándola tan azul y fea como un Avatar. Tan fea quedó Sandy que terminó guardada en un cajón. Así resultó su capricho. Pobrecita Sandy.
Y un año después, un día la sacaron a la luz. Por suerte para ella el perro estaba ahí. Procuró ser cuidadosa con su deseo esta vez, y como fue de esperar, el perro le volvió a preguntar ¿Qué pasa Sandy? ¡Necesito ser libre!, dijo eufórica. El perro frunció el ceño. Dame lo que quiero perro, le exigió. El perro dudaba oliendo. Dámelo perro. Parecía haber mal olor. No, le dijo. ¿Por qué?, si yo soy la más hermosa Lady en todo Ladyland. Vas a tener que conseguirlo vos Lady. Me estás pidiendo demasiado. ¿Cómo puedo regalarte libertad si hago todo lo que me decís? No puedo.
¿Por qué "...Claro"?
La noche es una universidad entera... Mucha diversidad, gente abierta. Es como si te dijera... ¿Viste lo de abajo del iceberg? ¿Que dicen que es más grande que lo de afuera, lo que se ve? ¿Que usan esa metáfora para describir algunas cosas? La noche es lo de abajo del iceberg... Un día te encontrás con un chino que recién llegó de japón... Te tomás un whisky con él, y te terminás encamando con dos chinas amigas suyas. ¿Qué padre de familia vive esas cosas? Es clave saber manejarse ¿Viste?... Hay gente de mierda también. Pero olvidate de la familia, los hijos. Esas cosas quedaron en el tiempo. Hoy en día hay superpoblación. Tener una familia es como ser machista, homofóbico. A esta altura las cosas son distintas...
"...Claro, claro. Sí.".
Exercise One
-Qué tal, mucho gusto, yo soy Carlos.
-Encantado, mi nombre es Raúl Martinez, soy el encargado del lugar. Tome asiento por favor. (Toma asiento) Entonces dígame, ¿Cuál es su canción preferida?
-Exercise One de Joy Division. La versión de Peel Sessions.
-Muy bien señor, le dejo esta hoja y esta lapicera: trate de escribir aquí lo que le sucede con la mayor precisión y fluidez posible. En 10 minutos se le retirará la hoja y podrá marcharse.
"Lo primero que me pasa es que siento que mi sangre empieza a ser más liviana. Después, y creo que en consecuencia, la empiezo a sentir más rápida. Supongo que eso que me hace sentirla más liviana hace también que mi corazón bombee más que lo normal, y que por eso sienta más corta la distancia entre el corazón y el cerebro. Ese acortamiento me dobla.
Las sensaciones son escalofriantes y placenteras. Están más que nada en el cuello y de a poco trepan hasta la oreja y se meten para adentro del oído hasta el centro del cerebro. Cuando están ahí los escalofríos ya son una especie de pitido mudo que me me envuelve. Me calla la boca, me mete adentro de lo que se escucha y me saca a pasear.
Me saca. Desde el centro de mi cabeza viajo en sonidos queriéndome escapar constantemente en movimientos. Siento tantas ganas de moverme con lo que escucho y lo veo tan liberador que me reprimo. No a la locura.
Lo único que hago es un leve movimiento a destiempo, como seduciendo a esas ganas de explotar mi demencia, tentando a mi demonio enfureciéndolo dentro mío.
Y crece. Las poesías simultáneas me poseen. Todas me enamoran y la que se forma en su conjunto me tira al piso. No literalmente, sino en mi ira. Me puede, me mastico las muelas hasta que sale el jugo de mi más profunda manija. La incontenible, la que me hace fanático de esta canción. Me encanta."
-¿Y? ¿Le sirvió?
-Si, si. Fue muy liberador muchas gracias.
-Cuando lo necesite vuelva. Tendremos preparado un nuevo desafío para usted.
-Gracias. Hasta luego.
-Hasta luego, buena suerte.
Qué decir
Estaba en el auto... En un Gol Country rojo con vidrios polarizados. Tenía una camisa rayada. Los anteojos los tenía guardados en la guantera. Bajó la ventanilla y se puso a mirar a una chica que pasaba. Muy linda, rubia. Seguro había ido a correr y ya estaba volviendo. No pensó mucho... Y sin pensar le dijo: Yo te acepto como sos. No me importan tus defectos.
La chica lo ignoró. Él siguió: ni siquiera me importa que me ignores, pero sin mirarme no me vas a conocer nunca... La chica lo miró y le gritó: ¡pajero! (y se le fue la voz en la E).
Al rato, en otro semáforo, bajó de nuevo la ventanilla y se clavó con los ojos en una mujer. ¿Qué digo se clavó? Se enterró. Era un poco más grande, tenía bolsas con aguas minerales, y unas galletitas para nenes. Una bolsa tenía leche. Él le dijo: no sé que regalarte... Tus hijos deben ser tan hermosos... no sabría que regalarte. La mujer lo miró, muy rápida. Le dijo, voy a mi casa, dejo las bolsas, me esperás en la esquina, y vamos al telo. El tipo se quedó con la mandíbula colgando. Vamos, te llevo. Y la llevó a la casa.
La mujer le tocaba la pierna mientras manejaba. Le decía, en un rato agarro yo la palanca de cambio. Y el galán entre sonrisas y miradas pajeras, seguía manejando. Mucho no decía. Qué decir.
La dejó en la casa y se quedó en la esquina esperando. Miraba por el espejito a ver si aparecía. Sin parar. Se tocaba por instinto, y al mismo tiempo se imponía no tocarse. Estaba desesperado. Lo llamaron de la facultad, que estaba llegando tarde. Dijo que no podría dar clases hoy, que tenía que hacer un trámite. Hervía. Estaba ansioso como un mono fumador. Ganas violentas tenía. Proyectaba todo. Dónde. Cómo. La próxima vez, y lo que pasaría en el auto. Se puso un perfume que tenía en la guantera, y empezó a pensar qué decir hasta que había pasado media hora. Media hora con el auto en marcha y con las balizas puestas. ¿Media hora? y puso el freno de mano (todavía estaba con el del pie), y apagó el auto. La puta madre, pensó, y empezó a estresarse... ¿Una hora? Pensó al rato, ¡qué hija de puta!, y se fue...
A veces pasa.
Un ladrón de bancos había conseguido el arresto domiciliario.
Su casa no tenía televisión, ni radio. Mucho menos computadora.
Nadie lo visitaba.
Estaba sólo con sus libros, sus dibujos, sus discos y su armonía.
Tenía un millón de dólares en uno de los bancos que él había robado.
Una noche entraron a robar y se llevaron su dinero.
No se enteró, pero su armonía empezó a ser distinta.
No dejó de ser fluída, pero había algo que quería decir.
Sus dibujos empezaron a cambiar.
Sus libros dejaron de tener importancia.
Empezó a desesperar.
Entendió que le habían robado.
¿Quién es el del espejo?
Existe una relación, más allá de mí, conmigo.
quiero decir, no me veo nunca
de verdad.
quiero decir, me veo como me ven
nunca del todo.
quiero decir, no me importa el del espejo
sino mi relación
con él.


